Publicado: 25 de Febrero de 2018

Al ser humano le gusta enredar con sus áreas genitales. Ya sea en solitario o en compañía la ciencia no suele tener nada que objetar al respecto siempre que sea placentero y no cause lesiones. Pero hay excepciones. Como la de considerar que su vagina es un receptáculo sobre el que se puede aplicar yogur cual cataplasma rural con el peregrino fin de luchar contra la candidiasis.

La última en loar las bondades de este antimicótico casero fue la cantante Chenoa. En su paso por el programa El Hormiguero, la ex triunfita proclamaba a los cuatro vientos que "hay remedios caseros que se utilizan cuando estás mala y tienes bajas las defensas. Te pones yogur y la flora se activa". Como si además de cantar, la ex de Bisbal tuviera nociones extrasensoriales que le advirtieran de cuándo están muriendo en masa sus linfocitos y la llamaran a echar yogur al grito de ‘más madera’.

Aquello fue como aventar el fuego de las terapias alternativas, los remedios de Maricastaña o, como lo ha denominado la doctora Marián García (@boticariagarcia), el 'amimefuncionismo'. En un furibundo, bien documentado y divertido post titulado El yogur no es un remedio vaginal (lo diga quien lo diga) desmontaba uno por uno todos los argumentos de los hooligans del yogur como remedio contra invasores íntimos.

Los ginecólogos también se atienen a la evidencia científica: no hay estudios concluyentes, serios y de universidades u hospitales de prestigio que lo avalen. Frente a ellos, los admirables resultados de un ungüento a base de crema vaginal, miel y yogur obtenidos en la Universidad de Teherán (Irán) o los de la Universidad de Sohag (Egipto), estos últimos dejando el mejunje simplemente en miel y yogur.

En el consultorio online de la Universidad de Columbia Go Ask Alice, al que se agarran como un clavo ardiendo algunos defensores de este mejunje lácteo, se deja caer que hay poca literatura científica, con "algunas evidencias" y "resultados prometedores pero con resultados no concluyentes".

Un mito demasiado extendido entre las mujeres

Y entonces llega el tío Google y en un clic aporta infinitas confesiones de mujeres sanadas por el yogur 'natural, pero sin tropezones', Chenoa dixit. ¿Cómo se explica este torrente de sanaciones sin caer en la retórica milagrera?

El dietista-nutricionista Julio Basulto lo tiene claro: confundiendo churras con merinas. Es decir, aliñando la microbiota patógena y la beneficiosa con una cucharada de yogur y atribuyendo al lácteo lo que no deja de ser obra de la aleatoriedad de la Naturaleza.

"No tiene ningún sentido. No hay evidencias científicas que apoyen esta práctica", Ignacio Cristóbal (jefe de Servicio de Ginecología y Obstetricia del Hospital Universitario Sanitas La Zarzuela)Seguir leyendo

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